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Lic. Verónica Juárez Piña
Secretaria
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¿Por qué tendríamos que perdonar a Peña Nieto?
 
La disculpa siempre honrará a quien la ofrece. Pedir perdón es un acto de vergüenza y humildad. Quien pide perdón admite una responsabilidad y, por lo tanto, asume todas las consecuencias que se derivan de sus actos. Nos sucede con nuestras amigas y amigos, pareja o familia: pedimos perdón con la esperanza de recuperar su confianza. En política, algo similar ocurre.

El lunes 18 de julio, Enrique Peña Nieto, en el marco de la promulgación de las leyes del Sistema Nacional Anticorrupción (SNA) pidió disculpas a las y los mexicanos. “Pido perdón por lastimar la investidura presidencial”, dijo el Presidente.
 
Dijo que había cometido un error y que aunque había “actuado conforme a la ley”, señaló que había perdido la confianza de las mexicanas y mexicanos. Pidió perdón, y eso habla bien de él, pero le hace falta mucho para recobrar la confianza de la ciudadanía. Un perdón sin arrepentimiento es vacío; un perdón sin voluntad de cambio es perder el tiempo. Presidente, el perdón sirve si nos lleva a algo como país, espero que sus disculpas no sean por cálculo electoral o pensando en cubrir con una nube de humo mediática sus innegables errores de Gobierno.
 
¿Por qué tendríamos que perdonar a Peña Nieto si no ha permitido una investigación independiente sobre el caso de la Casa Blanca? Sí, como sucedió en Guatemala con el escándalo de La Línea, el Presidente no ha apoyado una Comisión Anticorrupción de las Naciones Unidas con todas las facultades para llegar a un veredicto fiable y sólido. Señor Presidente, usted no recuperará la confianza de las mexicanas y mexicanos hasta que demuestre que tiene las “manos limpias”, que no tiene ninguna relación inconfesable con Grupo HIGA.

Abra las ventanas, por el bien del país, de la investidura presidencial y de la credibilidad que debería  tener de su proyecto. ¿Por qué tendríamos que perdonarle si no existe la mínima intención de que además de la investigación hiciera una necesaria disculpa para con las y los periodistas que,  cumpliendo con valentía su función social, decidieron ir hasta lo más profundo del caso. Daniel Lizárraga e Irving Huerta perdieron su trabajo, por la grave falta de cumplir con él.
 
¿Por qué tendríamos que perdonar  a Peña Nieto si  no se avizoran acciones, que con carácter de urgente, pudieran corregir todas las inconsistencias del SNA? Como perredistas, impulsores históricos de estas instituciones, sabemos que el SNA es un paso en la dirección correcta. Sin embargo, como lo dejamos de manifiesto en los debates parlamentarios, no estuvimos de acuerdo con dejar fuera de la ley la obligatoriedad de máxima publicidad en las declaraciones fiscal, patrimonial y de intereses.
 
Señor Presidente, con el SNA todas y todos nos jugamos la credibilidad en los años por venir. Hagámoslo en serio, sin dobles discursos y salvoconductos que sólo benefician a las y los corruptos. La máxima publicidad de las declaraciones es la fuerza del SNA y desde el PRD apoyamos  una modificación que coloque ese principio en la misma Constitución Política.
 
¿Por qué tendríamos que perdonar a Peña Nieto si no abre  procesos de investigación contra los gobernadores manchados de corrupción, sean del partido que sean? La impunidad es el alimento de la corrupción, y nombres propios como el de Javier Duarte o Roberto Borge se encuentran señalados hasta el cuello por escándalos de corrupción.
 
México requiere acciones, las y los ciudadanos están hartos de discursos bonitos que no van a ningún lado. Usted dijo que el SNA es un camino para combatir la impunidad, dé un paso adelante y quítele el fuero a estos sátrapas. Nuestros gobernadores electos tienen la encomienda del Comité Directivo Nacional de llegar hasta al fondo para castigar a los gobernadores corruptos, caiga quien deba de caer.
 
¿Por qué tendríamos que perdonar a Peña Nieto si no ha revocado su decisión para autorizar la estancia al Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)? Presidente, no sabemos qué pasó con los 43 jóvenes estudiantes de Ayotzinapa.

¿Qué dice de México que no seamos capaces de decirles a madres y padres dónde están? ¿De verdad importa más las filias y fobias políticas que la verdad sobre el caso Ayotzinapa? Usted es el jefe máximo de las fuerzas armadas del país, ordene que se llegue a fondo en la investigación, que abran los cuarteles como sostenían las y los  expertos y que se comience desde cero en esta investigación. En Guerrero hay muchas y muchos corruptos sin castigo, vaya a fondo y no deje que la historia lo recuerde como aquél mandatario que no fue a fondo en un acontecimiento que marcó tanto al país.
 
Y por último, ¿por qué tendríamos que perdonar a Peña Nieto si nunca ha tenido la intención de impulsar  una serie de legislaciones que acaben con los privilegios de la clase política? El PRD siempre se ha manifestado en contra del fuero,  no queremos más inmunidad y no queremos más leyes que rompen la igualdad constitucional entre todos los mexicanos y mexicanas. En nuestro país, la exigencia es muy clara: basta ya de políticos de primera y ciudadanas y ciudadanos de segunda.

El perdón sería solo un paso, de muchos que debe dar el Presidente para reconciliarse con el 80% de las y los mexicanos que rechazan su gestión. Esperaríamos  que esta intención sea auténtica y  que no esté pensando en las elecciones del próximo año. Las disculpas tienen que ser acompañadas con acciones, acciones que realmente combatan a fondo la impunidad. Un perdón sin nada más, sólo quedará como otra simulación de arrepentimiento. Por lo pronto, ningún perdón sería válido hasta no ver una verdadera agenda de combate a la impunidad y a la corrupción,  ¿Se atreverá el Presidente?


Lic. Verónica B. Juárez Piña
Secretaria de Gobierno y Enlace Legislativo del CEN del PRD
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